Vuelta al País Vasco

Daniel Martínez: «Descubrí que un ciclista debe cuidar la dieta o recibir masajes siendo ya profesional»

Daniel Martínez posa con el maillot azul que le distingue como mejor joven de la carrera./KARLIS MEDRANO
Daniel Martínez posa con el maillot azul que le distingue como mejor joven de la carrera. / KARLIS MEDRANO

Bromea con que la clave de su gran Itzulia son unas anchoas que cenó en Hondarribia, pero todo es fruto de su talento

Oskar Ortiz de Guinea
OSKAR ORTIZ DE GUINEAVITORIA.

Con 18 años debutó en el World Tour y con 20 recién cumplidos acabó el Giro de Italia. Daniel Martínez (Bogotá, 1996) es el penúltimo fenómeno colombiano. Su eclosión ha sido algo más tardía que la de compatriotas como Egan Bernal o Iván Sosa, pero parece imparable. «Quiere ser ciclista. Para ello escucha y hace caso. Pone todos sus sentidos en aprender», apunta Juanma Garate, director de Education First y testigo de la entrevista. Antes de la Itzulia, el irundarra alojó al colombiano tres días en su casa. El viernes cenaron anchoas en una sociedad. Se las regalaron el patrón de un barco y el propio Martínez estuvo limpiándolas. «En todas las mesas de la sociedad se cenó anchoas esa noche. Me dijeron que me darían fuerza en la crono, pero me faltó comer alguna más», pues fue segundo en Zumarraga. Tras caerse en Estibalitz, es cuarto en la general.

- ¿Por qué quiso ser ciclista?

- A mi hermano y a mí nos gustaba el fútbol pero la familia nos mudamos de casa, y los vecinos eran ciclistas recreativos (cicloturistas). Un día mi hermano salió a montar en bicicleta con ellos, le gustó, y él fue el que comenzó en el ciclismo.

- ¿Tenían una bicicleta en casa?

- Mis padres tenían un negocio de venta de dulces, esperando a la entrada y salida de los colegios. Tenían una bicicleta para los recados. Con ella se iba mi hermano, dejando inmovilizados a mis padres sin poder ir a por mercancía cuando se les acababa. Muchas veces le candaban la bicicleta para que no la cogiera y se centrara también en los estudios.

- (...)

- Yo quería inscribirme en una escuela de fútbol. Pero el único día hábil para ello, el amigo que iba a ir a dar mi nombre no fue. Me desilusioné y lo dejé. Para entonces, mi hermano había comprado una bicicleta y me dejó a mí la otra. Era un 'hierro', con un freno delantero, sin cambios y un cuadro muy grande. Yo iba a entrenar por las montañas, con mis pantalonetas y mis tenis. Me fue gustando, y hasta aquí.

- ¿Es de Soacha o de Bogotá?

- Nací en Bogota, pero nuestra primera casa estaba justo en el límite con Soacha, donde vivían mis amigos. En realidad pasaba el día en Soacha, adonde luego nos trasladamos.

- Tengo entendido que de niño enfermó y lo pasó mal.

- Con diez años era bastante gordito. En los controles siempre daba sobrepeso. En unas vacaciones me metí en un río que venía con mucho barro por las fuertes lluvias. Tragué agua y cogí una infección que me tuvo casi dos semanas sin comer, con diarreas y vómitos. Estábamos en el campo y mi madre me daba remedios caseros. Como no me curaba, me llevaron al hospital. Perdí bastantes kilos (ríe). Al ciclismo llegué dos o tres años después, con 14.

- Y los resultados llegaron pronto.

- Cuando empecé, sabía que a los 15 años habría competencias (competiciones) importantes en mi categoría, y me centré en ellas. En Colombia casi nadie sale a entrenar por las tardes, pero, como estudiaba, no tenía más remedio. Así que era el único que andaba por las carreteras de Cundinamarca. A menudo me cogía el agua, porque llueve más por las tardes. Me mojé mucho, pero luchaba para ganar las carreras de allí.

- ¿Su primera bici de carreras?

- ¡Uf! Mi hermano también corría y me dejaba su bici para las competencias. Cuando gané la contrarreloj del campeonato nacional, hablamos con la alcaldía de mi pueblo y me obsequiaron una.

«Mi primera bici propia la logré tras ganar el título nacional de contrarreloj; me la obsequió la alcaldía»

«Provenir de una familia con pocos recursos ayuda a dar el máximo y echarle coraje sobre la bicicleta»

«En la fuga de la París-Niza con Henao, Yates o López, vi que sería difícil ganar; lograrlo me dio confianza»

«Hay que ver la cantidad de cadetes que salen en las carreras para comprender el auge de Colombia»

- ¿Cómo iba a las carreras?

- Con el equipo de la región, Indeportes-Cundinamarca. Con 17 años ya iba a los campeonatos panamericanos y carreras internacionales. Apenas cumplí 18 años, la UCI me incorporó a su centro mundial.

- Pero pasó a profesionales desde juveniles al Team Colombia, ¿no?

- (Ríe). Sí, el paso no fue muy agradable. En el centro de la UCI estaba bien aconsejado y me dijeron que no diera el salto. Siendo júnior, ganaba a los sub 23. Estaba acostumbrado a ganar y creían que pasar a profesionales supondría un choque muy fuerte. Y así fue (ríe). La primera carrera la acabé, pero las demás me resultaba difícil terminarlas. También pesó el cambio de vida, porque el equipo estaba asentado en Italia y estaba todo el año en Europa. Fue un año duro. Luego fui aprendiendo a hacer bien las cosas, y el progreso continúa.

- ¡Y con 18 años corrió ya la Volta!

- Sí, sí. En mi primer año profesional, debuté en el World Tour en la Volta. ¡No sabes lo que sufrí allí! (ríe).

- ¿En algún momento de ese primer año pensó 'esto no es lo mío'?

- Nunca. Sabía que eso no podía seguir así. Sabía los puntos que debía mejorar y que el proceso no iba a ser llegar y empezar a ganar.

- Un año después pasó al Wilier, ¿cómo fue al Giro con 20 años?

- No esperaba ir con tan corta edad, pero resultó bastante bien porque había dos españoles en el equipo (Cristian Rodríguez y Julen Amezqueta) y estábamos juntos. Trataba de aprender todos los días. El objetivo de estos equipos es dejarse ver, salir en televisión para tratar de salvar el patrocinador. La meta era coger las fugas y si se ganaba, mejor.

- También coincidió con Pozzato.

- Era una rock star en Italia. Mis dos Giros en el Wilier los hice con él. Me supuso un golpe psicológico, porque él era rodador y yo escalador, pero en las etapas de montaña acabábamos juntos en la grupeta (ríe).

- Pero ya con 21 años fue top 10 en la Milán-Turín ante Urán, Yates, Aru, Quintana, Poels, Pinot... ¡Menuda evolución!

- Bueno, tenía buenas piernas y esas clásicas de fin de año en Italia, como los Tres Valles Varesinos, me iban muy bien (sonríe).

- Sus compatriotas Bernal y Sosa, un año más jóvenes, destacaron antes. ¿Le generó eso alguna duda?

- No. Es verdad que a Bernal y Sosa los veía mucho en las carreras y prácticamente en todas me ganaban. Pero yo siempre me centro en mi trabajo y sabía que debía mejorar mis errores, y los voy corrigiendo.

- ¿A qué errores se refiere?

- A saber correr, cómo alimentarte, recibir masaje... Ser ciclista es un trabajo las 24 horas del día. Yo llegaba de entrenar y me iba a caminar o a hacer otras cosas que realmente no van bien para las piernas.

- ¿Cuándo se vio disputando?

- Mi cambio de mentalidad llegó en este equipo. Cuando corres en un equipo pequeño, el objetivo era coger las fugas. Aquí, al verme rodeado de gente profesional en su trabajo como Rigo (Urán), al que veía desde pequeño, es una motivación más. El objetivo ya no es salvar el patrocinador a base de fugas, sino ayudar a un líder con inteligencia y tratar de ganar etapas.

- ¿Urán fue su ídolo?

- Me gustaba, sí. Desde que me empezó a gustar el ciclismo, veía en la tele el Giro, la Vuelta y el Tour. Y Rigo era un pilar de nuestro ciclismo. Corrían él, Ardila y pocos más.

- Ahora en cambio es increíble la cantidad de buenos ciclistas comlombianos. ¿A qué se debe?

- Tienes que ir a Colombia a mirar cuántos salen en carreras de juveniles y cadetes. La afición en Colombia es muy alta. Los ciclistas salen como brotados de la tierra, y con mucho talento.

- ¿Cómo llegó al Education First?

- Jonathan Vaugters contactó con mi representante, pero él no tenía patrocinador. Así que tampoco me podía ofrecer nada. Habíamos concretado un precontratro con el Wilier para renovar, y esa noche me llamó mi representnate para decirme que Vaugters había encontrado un patrocinador. Esa noche casi no dormí de la emoción. Psicológicamente, era un subidón para trabajar más.

- Como procede de una familia humilde, ¿debe aportar dinero a casa?

- Cuando estaba en el Wilier, mandaba dinero a casa. Pero entendí que también debía reservar un dinero para masajes y alimentarme bien. Mis padres ahora ya no trabajan con los dulces, que era todos los días de la semana bajo el sol o el agua. Se fueron al campo, donde tienen gallinas y el campo para cultivar. Me da tranquilidad. En todo lo que pueda ayudar a mis padres, mi hermano, mi mujer o mi hijo, lo haré.

- ¿Tiene un hijo?

- De seis meses. Quería haberlo traído a vivir a Andorra, pero para sacar a un bebé de Colombia se necesita un permiso especial. Ahora iré un mes a casa y espero traerlo para el Tour.

- ¿Volverá este año a la ronda gala?

- Sí, lo conocí el año pasado y repito. Había hecho dos Giros en los que sufrí mucho, y en el Tour me vi mejor.

- Turini, ¿qué supuso ganar en este puerto en la París-Niza?

- Fue un bonito día que me dio seguridad. (Juanma Garate le espolea: «venga, mójate que fue más que eso!»). Llegué a la París-Niza con buenas sensaciones, pero los tres primeros días no me salieron bien. Me decía, 'venga, Dani, que alguna cosa tiene que salir bien'. Ese día salí mentalizado a coger la fuga. Fue muy costoso. Tras una hora de ataques y contraataques, al final nos fuimos más de treinta. Hice repaso de los que íbamos, Henao, Yates, López... y me dije 'hoy va a estar duro' (ríe). Gracias a Dios, llegué con fuerza al final y ganamos.

- Superó a 'Superman' López, que tenía el día marcado con equis.

- Él lo había pasado mal también en los abanicos, y realmente era la gran oportunidad para los escaladores. Me hizo ilusión porque nunca había ganado en profesionales, salvo la crono del campeonato nacional, fui tercero en el Tour de Colombia y París-Niza me dio más confianza.

- ¿Piensa en vueltas de tres semanas o por ahora en las de una?

- ¿Por qué no todo? En la cabeza tengo sueños bonitos, pero vamos con calma. Paso a paso, y a ver qué sale. Si hay piernas, ahí estaremos.

- ¿Hasta qué punto influyó salir de una familia con pocos recursos?

- Tenía compañeros a los que no faltaba de nada. Si querían una bicicleta de 5.000 euros, sus padres la compraban. ¡Y teníamos 15 o 16 años! Ninguno sigue, algunos se dedicaron a estudiar. Provenir de una familia con pocos recursos ayuda a dar el máximo y echarle coraje.

- ¿Qué espera de la Itzulia?

- Estamos yendo día a día a ver qué sale. He entrenado bastante esta modalidad, y me salió una buena crono. Y en la tercera etapa me cogió la caída y perdí 25 segundos. Por eso digo de ir día a día.

- Mucha suerte.

- Gracias, y ¡pon la anécdota de las anchoas! Que estaban ricas (ríe).

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