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«Acabar en lo más alto de Ibardin es un sueño»

Enrique Irazoki y su equipo organizador de Bera recuperan una de las llegadas míticas de la Vuelta al País Vasco.


Benito Urraburu

San Sebastián. La recuperación de la llegada de Ibardin es uno de los grandes atractivos que presenta el recorrido de la Vuelta al País Vasco 2012. Dieciocho años después de que Davide Cassani firmara en 1994 la última victoria en la cima beratarra, el mejor ciclismo del mundo regresa a un escenario especial que durante mucho tiempo se identificó con una carrera a la que ayudó a crecer.

Estos dieciocho años han cambiado la fisonomía del pelotón. Ninguno de los corredores que brillaron en esa subida continúa en activo. Sin embargo, quien sí continúa al pie del cañón es Enrique Irazoki, cabeza visible del Club Ciclista Beratarra, impulsor de aquella historia de catorce años y protagonista también de su rescate junto al resto de miembros del comité organizador local.

Irazoki cuenta que «cuando Jaime Ugarte me propuso volver a hacer una etapa de la Vuelta al País Vasco en Ibardin, le contesté con rapidez: ‘Lo hacemos arriba o nada’. Ya lo intentamos en su día, pero nos ponían pegas por la dureza del tramo final. Sin embargo, estos últimos años he visto por la tele subidas empinadísimas como las de Aia o La Antigua en Zumarraga, además de recorridos similares en el extranjero. Y mi idea era por qué no podíamos hacer nosotros lo mismo. Acabar en lo más alto de Ibardin era un sueño para mí».

También Jaime Ugarte verá cumplido su sueño «en la edición de mi despedida como organizador. Quería recuperar Ibardin para la carrera y le dije a Enrique que se animara. Aceptó y lo haremos». Ugarte e Irazoki son consuegros en la actualidad, pero se conocen desde hace muchos años. «Corrimos juntos», recuerdan dos hombres que comparten la pasión por el ciclismo.

Son 300 metros más de lo que durante catorce años fue una llegada ineludible de la Vuelta al País Vasco. Su tramo más exigente presenta un porcentaje temible del 28% que obligará a los ciclistas a cuidar con atención los desarrollos para no tener que poner pie a tierra. «Tampoco sería la primera vez que sucede en Ibardin», tercia Irazoki. «En una de las primeras llegadas se quedó atascado Vicente Belda, un magnífico escalador».

«Que me perdonen los ciclistas, pero va a ser un espectáculo», confiesa Enrique Irazoki. «Lo duro-duro son alrededor de 400 metros. Quien arranque desde abajo deberá administrar bien sus fuerzas para no quedarse clavado. Prometo una etapa vistosa».

La evacuación correcta de los ciclistas hacia los vehículos de sus equipos sin tener que volver por el sentido inverso a la carrera es un problema que está solucionado. Nada más rebasar la línea de meta, podrán tomar una carretera contigua que desciende hacia la gasolinera. Será en ese punto donde desviarán a los coches de los equipos, a los que podrán llegar los corredores por esa vía alternativa.

Ibardin y sus tiendas
Completar el presupuesto ha sido el mayor quebradero de cabeza de Enrique Irazoki y sus compañeros del Club Ciclista Beratarra. «Podemor hacer la etapa gracias a un dinerito que teníamos guardado, procedente de la Clásica Cicloturista Miguel Indurain que cumplirá este año su edición número 21».

En su día llamaban la atención los carteles anunciadores de la etapa que recogían los nombres y los anagramas de infinidad de firmas colaboradoras gracias a las cuales conseguían el dinero suficiente para cubrir el apartado económico.

«Llegamos a cobrar a los vehículos que accedían a la subida», rememora Irazoki. «Poníamos un puesto de cobro a kilómetro y medio del pueblo. Fue en las primeras ediciones. Por aquella época era habitual. También se cobraba por ver ciclismo en otros muchos sitios, en otras subidas».

La elección de Ibardin como llegada cuando Bera se incorporó a la Vuelta al País Vasco en 1981 se debió a dos razones, según Irazoki: «Por un lado estaba la vistosidad como etapa. Suponía un aliciente deportivo. Además, las tiendas y los comercios de Ibardin colaboraban económicamente y significaban un apoyo fundamental a la hora de hacer frente al costo de contratar la etapa».

Basta repasar las fotos de la época para comprobar que la etapa de Ibardin reunía a un público numerosísimo que se concentraba principalmente dentro del kilómetro final. Esas imágenes forman parte de la historia de la Vuelta al País Vasco.

La posibilidad de salir al día siguiente de las calles de Bera también era una manera de llevar la carrera al pueblo y a sus aficionados del ciclismo, que durante catorce años pudieron ver de cerca e incluso tocar a sus ídolos.


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