No es terreno para dudas

Superada aquella época de las carreras preparatorias para el Tour, en el ciclismo actual se disputan todas las pruebas. Quien acude a la Vuelta al País Vasco sabe a lo que se atiene

TXOMIN PERURENA

Estamos ante una Vuelta al País Vasco espectacular sobre el papel. Por recorrido, por dureza, por finales de etapa, por el cambio de ubicación de la contrarreloj y también por participación. Solo falta que acompañe la meteorología, sobre todo desde el punto de vista del corredor, el que más la sufre. La nueva edición presenta novedades significativas. Empecemos por las bonificaciones, que influyen en una carrera de una semana. No solo se trata de cogerlas, sino de impedir que otros se beneficien de ellas. Si un equipo dispone de un buen contrarrelojista que se defiende bien en las subidas y, sin embargo, carece de punta de velocidad, deberá poner en marcha su maquinaria para que ciclistas rápidos aprovechen esos segundos extra. Toca recurrir a los compañeros. No creo que marquen la diferencia en un recorrido tan duro, pero mejor no pasarlas por alto. En mi época de corredor, me iban bien las bonificaciones. Entiendo a quienes creen que desvirtúan la clasificación general. Pero están ahí para todos y es un arma que compensa la superioridad de los rivales en otros terrenos.

Ensayo de convivencia entre Landa y Quintana

Aunque siempre he manifestado mi preferencia por situar la crono individual antes del último día, comprendía la elección de los organizadores de cerrar la carrera con ella. Mantenían así el interés y la emoción hasta la jornada final. Esta nueva ubicación, en la cuarta etapa, da alternativas a la carrera. Quien ceda tiempo en la contrarreloj, dispone de dos días y terreno montañoso suficiente para intentar recuperarlo. Si bien los puertos de montaña vascos no son los Alpes, tanta dureza provoca la acumulación de esfuerzos y termina por ayudar a los escaladores. Ciclistas como Mikel Landa y Nairo Quintana van a tener terreno adecuado para sus condiciones en lo que va a ser, dentro de las filas de Movistar, un ensayo de convivencia deportiva para lo que resta de temporada y sobre todo el Tour de Francia. Correr en casa, de todas maneras, puede significar un trato de favor hacia el alavés.

Kwiatkowski, Roglic, Porte, los Izagirre...

Por más que miro al recorrido en el libro de ruta, no acabo de ver una etapa para sprinters. Acaso la de Valdegobia... si no hay movimientos de verdad en La Barrerilla. Ausente Valverde, llegadas como las de Zarautz y Bermeo pueden beneficiar a hombres como Kwiatkowski, que tampoco es manco en contrarrelojs llanas como la de Lodosa. Ojo también a Roglic, vencedor el año pasado en la crono de Eibar. Richie Porte, de vuelta tras su grave caída en julio, es una incógnita. Me apetece ver en acción a los hermanos Izagirre, apoyados por todo un Nibali, en unas rutas que conocen bien. La notable París-Niza de ambos puede encontrar continuidad en casa. Jon domina las cronos. Ahora bien, no van a encontrar facilidades de ningún tipo ya que hay un nivel muy alto en el pelotón y pasaron ya aquellos años en los que determinadas figuras se limitaban a rodar con vistas a su principal objetivo. Eso pasó a la historia. La gente disputa las pruebas en las que participa. Conscientes de que no vienen a orillas del Mediterráneo, sino del Cantábrico, quien acude al País Vasco sabe a lo que se atiene. No es terreno para dudas.

Azurki y los cascos de los mecánicos

La recuperación de Azurki añade otro aliciente a la prueba. Recuerdo la primera vez que la Euskal Bizikleta incorporó esta empinada subida a su recorrido. Fue tal la repercusión entre el público que algunos aficionados acamparon de víspera y pasaron la noche en tiendas. Era en mayo o junio, con temperaturas más altas que las de primeros de abril. Me viene a la memoria otra anécdota. Dada la estrechez de la carretera, los organizadores decidieron que los mecánicos subieran en motos para atender con mayor rapidez posibles averías. El problema llegó cuando se colocaron cascos de ciclista para montar en moto. La Ertzaintza no les dejaba pasar y el amigo Eraso tuvo que realizar alguna gestión de última hora.

 

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