El reino de la soledad

Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

«Anquetil disfrutaba de la benevolencia de los vientos, la nariz afilada y el rostro de hábil espadachín le abrían el camino y el cuerpo entero se colaba detrás, hendiendo los mistrales, atravesando los cierzos invernales y los austros estivales. Tenía un perfil de medalla y, con aquel aspecto tan elegante, uno jamás habría imaginado que el torso era un barril que escondía la pólvora del motor más potente. Su pedalada era una ilusión. Expresaba la facilidad y la elegancia, expresaba el vuelo y la danza en un deporte de leñadores. Él pedaleaba de puntillas, rubio, flexibles los tobillos, curvada la espalda, en ángulo recto los brazos, dirigido el rostro hacia delante. Jamás hubo hombre mejor tallado que él para ir en una bicicleta, jamás este ensamblaje hombre-máquina fue más bello».

Así arranca 'La soledad de Anquetil', un libro de Paul Fournel muy recomendable para cualquier momento y magnífico para un día de contrarreloj, la especialidad del 'maitre Jacques', el primer hombre que ganó cinco veces el Tour de Francia. Primoz Roglic no puede ni soñar con compararse con Anquetil, pero también vive en ese mundo extraño de los contrarrelojistas, donde reinan la obsesión, el silencio y el dolor. «Para Anquetil, lo esencial se juega en la soledad. No le gusta la carrera en masa, no le gusta hacerla bonita. Hay cosas que hace solo y cosas que solo hace él y, en ambos casos, la soledad es su reino».

Es difícil saber cómo funciona la cabeza de estos hombres, que disfrutan batiendo a sus rivales sin verlos, sin la adrenalina del cuerpo a cuerpo, sin el placer de ver cómo se descuelga el adversario, sin el éxtasis de levantarse sobre los pedales y volar hacia la victoria. Para ellos, un día como ayer es una fiesta. Para el resto, el peor tormento.

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