«El que quiera hacer daño de verdad puede atacar en Azurki y... hasta meta»

Igor Astarloa se detiene en la calle Toribio Etxeberria de Eibar, punto final la Itzulia./M. ASKASIBAR
Igor Astarloa se detiene en la calle Toribio Etxeberria de Eibar, punto final la Itzulia. / M. ASKASIBAR

Igor Astarloa explica que la última etapa de la Itzulia «es muy corta y nerviosa, sin respiros» El ermuarra sostiene que «tras una jornada como la de hoy lo que está claro es que el ganador de la Vuelta al País Vasco va a ser el corredor más fuerte»

Gaizka Lasa
GAIZKA LASAEIBAR.

Llega el colofón. La traca. Un disparo ininterrumpido de subidas y bajadas. La explosión final. El júbilo. Y llega Eibar. La calle Toribio Etxebarria, peatonal pero, sobre todo, ciclista. Sinónimo de prestigio txirrindulari. Una recta con caché. Igor Astarloa (Ermua, 1976) simboliza como pocos el apego a este municipio y la gloria del triunfo. Como el que alguien saboreará hoy aquí, como el que hace dieciséis años celebró él enfundándose en Hamilton (Canadá) el campeonato del mundo de ciclismo en ruta.

Le brillan los ojos cuando cuenta sus batallas en esta calle que pica ligeramente hacia arriba. «De pequeño yo siempre quería ser campeón del mundo y para mí el campeonato del mundo era el Valenciaga. Aquí venía a ver la llegada, aunque luego, de corredor, no pude ganarla. Pero anduve cerca. Es una llegada ideal. Es justo que la Itzulia acabe aquí. Es como que el Tour de Francia acabe en los Campos Elíseos de París».

Tal era su anhelo de probar en la clásica amateur con llegada en Toribio Etxeberria que ganó en cabezonería a su director, Sabino Angoitia, para correr el Valenciaga «cuando era de segundo año de amateur, de segundas decíamos entonces, y había otra carrera en Amorebieta. Pero yo quería llegar a Eibar y ese día fui tercero, detrás de Unai Osa, que llegó solo, y Jaime Hernández, que también llegó solo».

«Habrá gente que arranque de salida y puede haber dos carreras: por la etapa y por la general»

Otro año, recuerda con nostalgia, llegué al inicio de la recta en un pequeño grupo con Oscar Freire, Pedro Horrillo y Paco Mancebo. Allí, con la calle delante, cara a meta, y el público que había, se me puso la carne de gallina. Hice tercero tras Freire y Horrillo». Y rescata una hazaña más, la tercera en la que rozó el sueño. «Un año en el que ganó Lobato, me la jugué saltando a por él antes de la recta de meta porque le teníamos a la vista. Me caí en una curva que sabía que era contraperalte y con paso de cebra, pero había que arriesgar. Todos los días pasaba por Eibar para entrenar. Tenía amigos de cuando estudiaba aquí. Era y sigue siendo mi casa».

Describe la etapa de hoy como una metralleta. La cadencia de sus palabras avasalla. En consonancia con su significado. «Creo que va a ser una etapa muy nerviosa desde la salida», dice como primer aviso a navegantes. Considera que «habrá gente que ya no esté para ganar la general que tenga pensado este día para coger la escapada y jugarse la etapa. En ese sentido, puede haber dos carreras: una por la etapa y otra por la general. Las dos espectaculares».

«Es justo que la Itzulia acabe en Toribio Etxeberria, es como que el Tour llegue a París»

Lo del nerviosismo va acorde con la distancia. «Es que es una etapa muy corta, sin respiros», asegura. Coge aire y arranca. «Salen de Eibar a Elgoibar -cuatro kilómetros- y ya suben San Miguel. No es muy duro, pero la dureza la ponen los corredores. Además, no creo que dé tiempo a que se haga la escapada antes del inicio del puerto porque tira todo hacia abajo y se va muy deprisa. Si no se ha hecho la fuga, se subirá a ataques. Se hará por fuerza».

«Emboscada» al final

Después del primer calentón, «todo es favorable hasta Ondarroa, se suben un par de repechos y llegamos a Mutriku. Ojo que Kalbario se agarra. Se baja a la carretera general y sin descanso se sube Lastur. Es un tercera pero tipo Kalbario, que se agarra. Bajan por carretera estrecha y empalman con Azurki». Astarloa asegura que «es el puerto más duro de la jornada. Tiene rampas realmente exigentes. Se sube por una carretera muy estrecha y con desniveles que llegan a tener 14 y 16%. Además, se empalma desde Lastur. Es una de las características del día. Va todo encadenado».

Desde el alto de Azurki quedan 62 kilómetros a meta. Según la descripción de Astarloa, «hay una bajada rápida hasta Elgoibar, se gira a Maltzaga y se va hacia Soraluze. Ahí habrá que hacer una lectura. Dependerá de qué gente hayan metido los equipos por delante. Los gregarios pueden hacer en este tramo un buen trabajo. Porque a falta de 42 kilómetros se empieza a subir Karakate, una ascensión muy muy dura, por una carretera revirada y de cemento. Tiene una bajada rápida y peligrosa porque coges mucha velocidad».

Después de la bajada llega otro tramo donde se pueden agradecer unos relevos. «El paso por Bergara y hasta el pie de Angiozar pica para arriba pero es para hacer camino. Si hasta ahí los favoritos no han conseguido desbancar al líder, significa que es un líder muy sólido y que será difícil soltarlo en lo que queda de Itzulia». Aún queda el alto de Asentzio, de segunda, pero...».

«Al llegar a Eibar todavía queda un repecho de un kilómetro hasta la variante que me recuerda a Huy»

En este punto del relato, se detiene a pensar dos segundos. Se le enciende la bombilla. «El que quiera hacer daño de verdad, pero de verdad, puede arrancar en Azurki y lanzar ya la carrera hasta meta. Hay algún tramo llano pero si el líder pasa un rato malo camino de Angiozar se le puede meter bastante tiempo. Desde Bergara hasta el cruce es muy suve y allí se pone un poco en pie. Pero después de lo que han subido... difícil hacer daño allí si hasta allí no se ha hecho».

No termina todo en Asentzio. Quedan catorce kilómetros a meta pero con bastante tela que cortar todavía. Astarloa recuerda que «después de la bajada a Elgeta, otra vez se sube un kilómetro y medio a karabieta que se agarra, y de allí se baja hasta Eibar. Parece que ya ha terminado, pero no. Todavía les queda un repecho que puede ser decisivo para la disputa de la etapa. Es una emboscada, en el barrio de Amaña, desde donde se sube a la variante. Tendrá casi un kilómetro, y me recuerda al muro de Huy de la Flecha Valona», clásica belga que se anotó en 2003. «El que pase ahí con cuatro o cinco segundos puede llegar porque al que vaya atrás no le da tiempo para cazarle. Ahí ya nadie va a mirar atrás. Además, la entrada a Eibar es directa, sin la vuelta que se daba antes que cruzaba toda la ciudad».

Si algo garantiza esta etapa, según el excampeón del mundo, es que «la Itzulia la va a ganar el más fuerte de la carrera. En este terreno no hay suerte o cortes por abanicos u otro tipo de circunstancias. Ganará el mejor». Si algo podía condicionar la carrera era el tiempo, aunque el pronóstico meteorológico es bueno. «Esta etapa no es la misma en seco o en mojado. Bajadas como la de Karakate te puede meter en serias dificultades. Los Izagirre bajan bien y algún otro se la podía jugar para sorprender, aunque parece que no va a ser el caso».

«Vivo el ciclismo de manera privilegiada siendo piloto de Marco Velo en el Giro de Italia»

Escuchándole, se nota que lo vive. Le gusta el ciclismo. Es su segunda pasión. La primera, siempre ha sido así, son las motos. Consciente de ello, el exciclista profesional Marco Velo -su compañero en Mercatone Uno y Milram y vecino en el Lago di Garda- le ofreció ser su piloto para las tareas de regulador que realiza en las carreras organizadas por la RCS: Tour de los Emiratos, Strade Bianche, Tirreno Adriático, Milan San-Remo, Giro de Italia, Milan Turín, Giro de Piamonte y Giro de Lombardia. Allí se apuntó. «Ahora vivo esas carreras como un privilegiado. Pegado a los corredores. Viendo cómo atacan. Es la mejor manera de estar en contacto con este deporte».

Mientras hablamos, llega un whatsapp. Es Marco. «Te eché de menos en la Milan San-Remo». Igor no pudo ir esta vez. «El piloto iba muy despacio cuesta abajo. Ven pronto».

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