Vuelta al País Vasco

Ion Izagirre firma una hazaña para la historia

Ion Izagirre firma una hazaña para la historia

El ormaiztegiarra alcanza la cima de su carrera al ganar la Vuelta al País Vasco 2019 con un ataque a 65 kilómetros de meta que evoca a las mejores épocas del ciclismo | El líder Buchmann se hunde de forma clamorosa en el primer acelerón en Azurki y pierde una carrera que tenía ganada

Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDOEibar

Gesta histórica de Ion Izagirre (Astana). El ormaiztegiarra ha ganado la Vuelta al País Vasco 2019 con un ataque de leyenda en Azurki, a 65 kilómetros de meta, en el que ha reventado al líder, Emanuel Buchmann, ha echado por tierra el trabajo de toda la semana del Bora y ha puesto patas arriba la carrera, en una cabalgada con todos los grandes que le quedaban a la Itzulia: Adam Yates (Mitchelton), Dan Martin, Tadej Pogacar (UAE) y Jakob Fuglsang (Astana).

Buchmann tenía la Itzulia ganada tras su exhibición de la víspera en Arrate. Pero la santa montaña del ciclismo vasco le tenía preparada la factura al alemán. Se la cobró, clarísima, un día después. En Azurki. Tensó Fuglsang, y algo debió de crujir en el cuerpo del maillot amarillo. Algo debió de crujir porque Ion Izagirre salió como un resorte. Faltaban tres kilómetros y medio para la cima. Más de 65 para la meta.

Fue un ataque de gran ciclismo, que evocó a las mejores épocas, cuando un líder jamás miraba atrás. Un ciclismo donde cualquier locura era lo normal. La gloria o el hundimiento, sin más alternativas. Un ciclismo ya olvidado. Un ciclismo que Giuseppe Martinelli, el director del Astana, vivió. Un Martinelli herido por la maniobra del Bora la víspera, ansioso por devolver el golpe.

Ion Izagirre salió y miró atrás. Vio que venían Yates, Martin y el maravilloso Pogacar... ¡pero no Buchmann! Fue sorprendente cómo el hombre que había maravillado la víspera no podía salir al primer acelerón de la etapa, casi de tanteo. Enseguida se vio la gravedad del momento. No solo iban delante todos los grandes nombres, sino que Buchmann se había quedado solo. Los grandes vieron la jugada e iban a hacer sangre.

Medio minuto en la cima de Azurki, 40 segundos llegando a Elgoibar... Y, con 54 segundos de ventaja en la general, el director del Bora y Buchmann, que el viernes ganaron la partida de ajedrez al Astana, deciden parar. Parar y esperar. Todas las soluciones son malas. Se les está escapando la Itzulia. El formidable Bora de los últimos cinco días está totalmente desarbolado y opta por esperar a Schachmann y Konrad. Cuando llegan, los de cabeza ya están a más de un minuto y Ion Izagirre es líder virtual.

El ormaiztegiarra sabe que tiene la carrera en su mano. Queda un trabajo gigante por hacer, pero es un trabajo a la altura de su categoría. Ausentes Alaphilippe, Kwiatkowski y Thomas, todos los grandes de la carrera se juntan en cabeza. Hablan el mismo idioma y comienza la cabalgada. Los relevos se suceden con disciplina y en la cima de Karakate la ventaja respecto al líder se amplía casi hasta los dos minutos.

Buchmann ofrece una magnífica resistencia, que añade gravedad a su fallo en Azurki. Un hombre capaz de perseguir a los cinco de cabeza con esa convicción y con esa fuerza, es inexplicable cómo pudo no tener respuesta para atajar el intento de los Astana en el puerto. Porque el alemán mantuvo el pulso hasta las calles de Eibar, una persecución de 60 kilómetros, algo que no hace alguien sin piernas. Casi se queda sin podio al equivocarse en la última curva y seguir recto por el desvío de los coches, pero el Bora reclamó y acabó tercero.

Brillo en el pedaleo

La victoria en la Vuelta al País Vasco 2019 es la obra maestra de Ion Izagirre, la cima de su carrera. Palabras mayores, para alguien que ha ganado en el Tour de Francia y en el Giro de Italia, entre otros grandes escenarios.

A los 30 años, el menor de los Izagirre ha asaltado el primer peldaño del ciclismo mundial de forma contundente. El fichaje por el Astana le ha devuelto a la aristocracia del pelotón, tras dos años de transición en el Bahrain, con una gravísima caída en el Tour de Francia de por medio condicionándolo todo.

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Pero en el equipo kazajo ha recuperado una cosa muy difícil de medir, en unos tiempos en los que todo está medido al milímetro. Ha recuperado ese intangible que se conoce como brillo en el pedaleo. Resulta difícil de describir, pero se ve. Izagirre tiene otra frescura, ese punto que separa al increíblemente bueno segundo en meta con el primero. Su claridad innata para detectar las oportunidades de ganar se está viendo reforzada este año por ese intangible, y los resultados están a la vista.

La Itzulia es su obra cumbre, la que le colocará en la historia del ciclismo de este país junto a los mejores. El triunfo le llega en plena madurez de una carrera muy coherente, siempre construida con sentido. Sus resultados en la Vuelta al País Vasco sirven para ilustrar esa carrera sólida. En sus últimas cuatro participaciones ha subido al podio. En 2015, 2017, 2018 y este sábado. No corrió en 2016.

Ion Izagirre es un ciclista que no ha buscado nunca los caminos fáciles. Desde hace años, solo corre –prácticamente– carreras del World Tour. Busca la confrontación con los mejores, no un palmarés por carreteras secundarias. Su nivel de autoexigencia es máximo, no se puede hacer un calendario más complicado. Es el ciclista del pelotón con más carreras del World Tour consecutivas sin bajarse de la bici. Ni un abandono desde aquella caída en el Tour de 2016.

La victoria en la Itzulia supone el aval definitivo a esa estrategia de correr solo con los mejores, pruebas de la máxima dificultad. Este triunfo vale por toda una carrera deportiva que, por otra parte, no necesitaba ratificación alguna porque ya era de primerísimo nivel antes de ganar en Eibar.

Victoria con estilo

Pero su triunfo en la Vuelta al País Vasco 2019 entra directamente en la historia, no solo por su valor objetivo sino por el modo en que lo conquistó, con un ejercicio de estilo. Con un ataque a 65 kilómetros de meta que acabó en victoria. Cosas que sucedían hace cincuenta años, pero que ya no.

Eso es muy importante en un deporte anticuado como el ciclismo, donde las leyendas son mucho más importantes que los hechos. La victoria de Izagirre ganará con el tiempo. Cada vez que los aficionados hablen de esta Itzulia, la figura del ciclista ormaiztegiarra crecerá. Su cabalgada, impresionante de por sí, se convertirá en una heroicidad. Y la suma de todas esas historias, de toda esa pasión, sentará un relato mucho más certero de la verdad.

En una Itzulia 2019 que parecía perderse por los caminos de los ciclistas secundarios, la última etapa deparó un giro teatral del 180 grados y los grandes nombres hicieron justicia a la tradición de la carrera. Fue un desenlace perfecto.