Vuelta al País Vasco

¿Quién es ese francés que se pasea?

Julian Alaphilippe avanza arropado por su compañero de equipo Enric Mas. :: KARLIS/
Julian Alaphilippe avanza arropado por su compañero de equipo Enric Mas. :: KARLIS

Julian Alaphilippe destaca por sus cualidades naturales y la especialización en el trabajo

Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

Julian Alaphilippe perderá hoy el maillot amarillo pero ha sido la estrella más brillante del estreno de la Itzulia, con su ciclismo moderno y espectacular. Con la extrema sencillez con la que gana. Ya era un muy reputado miembro del pelotón, ¿pero quién es en realidad este francés que se ha paseado por Euskadi durante tres días?

Lo primero que destaca en Alaphilippe son sus cualidades innatas, descubiertas por su primo Franck, que le entrena desde los 15 años (ahora tiene 25). En sus primeros test en categoría cadete salió a relucir «una resistencia al esfuerzo superior a la normal», así como una preponderacia de las fibras rápidas sobre las lentas habituales en los ciclistas, deportistas de gran fondo. De todas formas, no se tomó en serio el ciclismo hasta los 18 años. En su casa no había ninguna tradición. Ni su padre ni su madre habían hecho nunca deporte.

Esas cualidades naturales se expresaban en una facilidad para aumentar la cadencia de pedalada en los momentos críticos, cuando la mayoría tiende a bajar dientes y abusar de desarrollo. «Es algo natural», explica el francés. «No lo entrenaba, salía así». Ahora, ya en el profesionalismo de élite, no ha hecho sino perfeccionar ese potencial.

Con unas condiciones naturales de partida óptimas, Alaphilippe debía decidir qué clase de ciclista quería ser. Podía haber optado por convertirse en escalador, con su 1,73 y 62 kilos. «Pero eso va contra mi temperamento. Siento un nudo en el estómago antes de arrancar, y eso no ha cambiado con los años».

Eso es natural, sí, pero se entrena. Se somete a exigentes series a nivel máximo de esfuerzo con poco tiempo de recuperación. «Nuestra idea es mejorar sus virtudes sin pensar demasiado en corregir sus defectos».

Tanto el líder de la Itzulia como su primo tienen una máxima: mejor pecar por defecto que por exceso. «Mi vara de medir es el dolor de piernas. Si un día es excesivo, me doy media vuelta y lo intento al día siguiente. Llevar al cuerpo más allá de su límite puede tener consecuencias desastrosas», asegura.

Como ejemplo, su aproximación a la Milán-San Remo del año pasado. Tras la París-Niza estuvo tres días sin tocar la bici. Cero kilómetros la semana de la classicissima. «Puedo asegurar que eso fue lo que me permitió responder al ataque de Peter Sagan en el Poggio». Acabó tercero, tras Kwiatkowski y el eslovaco.

Todo esto no quiere decir que no entrene. Al revés, sus condiciones naturales le permiten soportar cargas brutales. Por ejemplo, antes de las clásicas de las Ardenas hará dos entrenamientos de ocho horas. El primero, solo. El segundo, cinco horas solo y las tres últimas, tras moto. «Llega a un estado de fatiga terrible en estas sesiones», admite su primo.

Esperanza francesa

Sus resultados y su temperamento alegre y abierto le han aupado a la popularidad en Francia. «Es uno de los exponentes de la nueva generación de ciclistas del país» explica Francis Lafargue, asesor del Euskadi-Murias y gran conocedor del mundo del ciclismo al que lleva ligado toda la vida. «Forma parte de una excelente generación de jóvenes, como Gallopin y Calmejane, entre otros. Una generación que está a punto de relevar a los Pinot y compañía. Alaphilippe es, salvando las distancias, el Valverde de Francia. Es un 'puncheur' nato. Bardet es otra cosa, un hombre Tour, con una cabeza excelente, estudios terminados y detalles de campeón».

El periodista Guy Roger, durante muchos años cronista de ciclismo de L'Equipe, estima que «es más que una promesa pero todavía no es una figura. Ha confirmado mucho sus cualidades y su potencial. Por ejemplo, en el Mundial del año pasado Cyril Gimard le designó único líder del equipo francés, y eso es mucho. Guimard se equivoca muy poco».

Añade que «es muy serio, un loco del entrenamiento y tiene un equipazo. No ganará el Tour, pero un Mudial y clásicas, sí puede hacerlo. El problema en Francia es que a cada joven que sale se le cuelga el cartel de sucesor de Hinault, el último ganador del Tour. Si hay uno así puede ser Bardet. Alaphilippe puede ganar París.-Niza, País Vasco, en las Ardenas... Otra de sus cualidades es que no se asusta y asume sus responsabilidades, como en el Mundial».

Talento natural desbordante, especialización minuciosa y trabajo metódico. Eso es Julian Alaphilippe.

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