El tiempo de Roglic corre a otra velocidad

Primoz Roglic, en acción, en la contrarreloj de este jueves. /EFE
Primoz Roglic, en acción, en la contrarreloj de este jueves. / EFE

El esloveno confirma los pronósticos, se viste de líder tras destrozar a sus rivales en la crono de Lodosa y ya saborea el triunfo final

Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

El tiempo de Primoz Roglic (Lotto-Jumbo) corre a una velocidad. El de los demás, a otra. Para saber cómo puede ser eso posible, habría que preguntarle a Julio Jiménez, el relojero del Ávila. Él debería saberlo, toda una vida poniendo las agujas en hora. El ciclista esloveno destrozó como estaba previsto a todos sus rivales en la crono de Lodosa y ratificó que el triunfo final en la Vuelta al País Vasco es suyo, como ya se sabía desde la primera etapa cuando saltó la banca en la subida a Elkano. Este jueves, en su terreno, fue implacable.

Más que una contrarreloj, la etapa era una prueba de laboratorio. El escenario ideal para probar material y desarrollos. Llana al extremo y con rectas kilométricas, los veinte kilómetros de ida y vuelta hasta Sartaguda eran un banco de pruebas. Sobre el último modelo aerodinámico de Bianchi, celeste, Roglic acopló su cuerpo y se lanzó a la carretera. Movió un desarrollo brutal. Pareció cubrir la recta de la carretera general entre Lodosa y Sartaguda -casi seis kilómetros- en tres pedaladas. Quizá necesitase cuatro...

Lo que todo el mundo se temía, que el esloveno podía terminar de dinamitar la carrera, sucedió y lo hizo con creces. La víspera, todos los corredores y directores hacían sus cálculos con el semblante oscuro. «Puede meter 40 segundos a cualquiera», era un diagnóstico más o menos general. Julian Alaphilippe (Quick-Step) fue, de entre los diez primeros de la general, el que mejor resistió el empuje de Roglic. Defendió con honor su maillot amarillo y cedió 42 segundos. Aunque venía diciendo durante toda la semana que no era su objetivo, ayer peleó por seguir en la lucha por el triunfo final y puede ser peligroso. Queda a 34 en la general de la Itzulia.

Patrick Konrad (Bora) también estuvo en los números y cedió 46 segundos. Ion Izagirre (Bahrain) se fue a los 53, algo lejos, y Emmanuel Buchmann (Bora), a los 58. Todos los demás, por encima del minuto. Gorka Izagirre (Bahrain) cedió 1:11 y cae al quinto puesto de la general.

Atacar al más fuerte

Ahora, la Itzulia está en la clásica situación en la que se dice que quedan dos etapas muy duras que prometen espectáculo. Pero en realidad lo que se plantea es la vieja disyuntiva del ciclismo, cómo atacar al más fuerte.

Porque la teoría, la pizarra de los directores, lo aguanta todo, pero la carretera es cruel y pone a cada uno en su sitio. Hasta ahora, a Roglic solo le ha atacado Alaphilippe y ambos se han ido hacia adelante las dos veces que han estrujado en serio a la carrera. En Elkano, en la asombrosa exhibición del esloveno, y en San Pelaio, en la arrancada del francés controlada con comodidad por el exsaltador de esquí. Tanto en Zarautz como en Bermeo, la lista de víctimas de esos dos movimientos fue ilustre y larga, empezando por el mismísimo Nairo Quintana (Movistar).

Este viernes esperan Endoia y Azurki, sin duda terreno para dar la vuelta a una general provisional. Pero, tras el brillante inicio de la Vuelta al País Vasco, con dos etapas explosivas y una crono de verdad, la clasificación es cualquier cosa menos provisional. La lideran los dos mejores y esa es la papeleta que tienen que gestionar los demás.

Que son 14.

Entre el tercero, Bauke Mollema (Trek) -autor de un buena crono pero ya a 1:33 de Roglic-, y el 16º, Bardet (Ag2r) a 2:30, está en juego el tercer escalón del podio. Son 14 ciclistas en 57 segundos, situación que puede dar juego. De todos ellos, cuesta arriba solo han aguantado a los dos mejores Gorka Izagirre y Mikel Landa, que lo hicieron en Bermeo.

Probablemente, la única opción realista de remontada sea la más extravagante: un ataque lejano de Mikel Landa. Si el alavés tiene un día genial puede hacer magia. Con menos que eso, será imposible bajar de su trono a Roglic. Landa llegó ayer a 1:16 y puede parecer que hizo una contrarreloj decorosa, dadas las circunstancias. Sin embargo, el resultado desnuda sus carencias una vez más.

Porque, en efecto, su crono puede no parecer un desastre pero se trata de una pérdida de cuatro segundos por kilómetro, que es una barbaridad. Porque estamos hablando de un corredor que se considera un líder para las grandes vueltas por etapas, un ciclista que piensa que puede ganar el Tour de Francia. Y, si la vara de medir es esa, la realidad desmiente las expectativas.

Es un problema que se repite. En la última crono del Tour, jugándose el podio, cedió dos segundos por kilómetro con Froome, que fue de paseo porque tenía la carrera ganada y le metió al alavés 1:41 en total en la ronda francesa. ¿Dónde se recupera ese tiempo a ciclistas de ese nivel? Si Mikel Landa aspira a ganar una gran vuelta es de eso de lo que hay que hablar, porque la realidad es que se topará con Dumoulin y compañía.

Roglic en el podium vestido ya de amarillo.
Roglic en el podium vestido ya de amarillo. / J. Unanue

Lo mismo que para Landa sirve para Romain Bardet (Ag2r). Es un corredor excelente, muy competitivo, pero sus cronos bordean el ridículo en los días buenos. En los malos, como en Marsella en el Tour, lo que bordean es la catástrofe. En Lodosa volvió a ser el peor de los de la general, al ceder 1:40. No es de recibo en un corredor de su categoría. Los entrenadores del Ag2r y los ingenieros de Factor, la marca de bicicletas que surte al equipo, están echando el resto en este capítulo, pero no hay manera. Andando así contrarreloj no se puede ganar una gran vuelta.

Nibali y Quintana, los dos ganadores de rondas de tres semanas presentes en la Itzulia, no son grandes contrarrelojistas pero cuando están en forma y se marcan un objetivo saben andar contra las manecillas del reloj. Es un requisito imprescindible si se quiere pasar de ser el corredor más espectacular a ser el ganador.

Este viernes, el perfil de la etapa de la Itzulia cambia y se puede volver al ciclismo espectacular de las dos primeras etapas. Territorio para el genio individual (Landa) o las tácticas de equipos (Bahrain, Quick-Step, Bora). Pero mucho tendrán que cambiar las cosas, porque el máximo nivel no perdona y esta cuarta etapa de la Vuelta al País Vasco fue un claro ejemplo. El reloj de Roglic corre a una velocidad diferente.

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