Itzulia

Vuelta al País Vasco 2018: Cien kilómetros de belleza sin descanso

Los corredores del Euskadi-Murias, en la novedosa subida a Sollube por Almika, con Bermeo al fondo./BORJA AGUDO
Los corredores del Euskadi-Murias, en la novedosa subida a Sollube por Almika, con Bermeo al fondo. / BORJA AGUDO

El Euskadi-Murias inspecciona el final de la segunda etapa de la Itzulia, con meta en Bermeo. Bravo y Bizkarra, que liderarán al equipo en la Vuelta al País Vasco, descubren la dureza del recorrido junto a Irizar, Iturria y Barthe

IÑAKI IZQUIERDOISPASTER

«Si tuviera un candidato para ganar la Itzulia en mi equipo, vendría a ver esta etapa». Las advertencia del director del Euskadi-Murias, Jon Odriozola, a sus colegas al volante de los mejores conjuntos del World Tour suena clara después de reconocer la segunda etapa de la Vuelta al País Vasco (del 2 al 7 de abril).

Zarautz-Bermeo, de 153 kilómetros, los últimos cien, de pesadilla. El Murias citó ayer en Ispaster a cinco de sus corredores para conocer sobre el terreno el tramo final de la etapa. Los guipuzcoanos Gari Bravo, Mikel Iturria y Julen Irizar, el vizcaíno Mikel Bizkarra y Cyril Barthe, del otro lado del Bidasoa, fueron los designados para hacer el recorrido. La vanguardia del equipo verde: sus dos hombres para la general, Bravo y Bizkarra, los dos jóvenes rematadores, Irizar y Barthe, y el hombre que debe subir el nivel del equipo en la segunda parte de la temporada ya recuperado de su grave caída del año pasado: Mikel Iturria. Y, siendo los mejores del equipo, a todos les pareció lo mismo: «Durísima».

El festival empezará al llegar a Natxitua, entre Ispaster y Elantxobe. Pero para los ciclistas las dificultades habrán arrancado antes. Avisa Mikel Bizkarra del peligro de la carretera de la costa que llevará la etapa desde Zarautz hasta Bizkaia. «Desde Deba hasta Lekeitio es la carretera de las mil curvas. No hay un centímetro recto y eso estira el pelotón muchísimo. El desgaste será importante en ese tramo».

La subida por Almika quiere recuperar la mística perdida de Sollube, puerto desgastado por el tiempo

Los profesionales opinan que el grupo que se juegue el triunfo de etapa no será de más de diez unidades

Hace frío y llueve un poco, por lo que los cinco eligen ropa de invierno. El día va mejorando según pasan las horas y permite un buen entrenamiento. Sobre el papel, el punto culminante de la etapa es la subida a Sollube por Almika. El tiempo ha desgastado este puerto, que puede calificarse de mítico sin temor a equivocarse. En sus rampas brillaron Eddy Merckx, Jesús Loroño, Julio Jiménez o Federico Martín Bahamontes, entre otros. Pero los años y la mejoría del asfalto y el material le quitaron toda su dureza. Le quedó la historia, pero no decidía carreras. Ahora, los organizadores de la Itzulia quieren recuperar ese gran nombre del ciclismo vasco. Y para ello han encontrado una nueva subida a Sollube, por Almika.

La subida arranca a la salida de Bermeo y es dura. Un kilómetro al 9% ahoga, el siguiente al 10% tortura y uno más al 13% estruja a los corredores. «Es muy, muy dura», reconoce Bizkarra, «aunque está lejos de meta». Cyril Barthe confirma esa opinión: «Tiene alguna rampa que roza el 20%».

De la cima de Sollube aún faltarán 50 kilómetros a meta, mucho en el ciclismo moderno, pero por delante un recorrido muy rompepiernas que no permitirá un reagrupamiento fácil. Los profesionales opinan que no será fácil que llegue un grupo amplio a meta.

Sube y baja sin tregua

La carrera descenderá dirección Mungia por un terreno que no da tregua, de sube y baja. La vuelta por Lemoiz, junto a la vieja central nuclear, camino de Jata castigará las piernas. Un cartel de carretera cerrada. ¿Qué carretera? Los corredores siguen su marcha. Sería otra...

Jata, en medio de esta etapa, parece un falso llano. Son cinco kilómetros al 3,6% de media, pero el desnivel se va acumulando. La carrera bajará a Bakio, donde el aviso de Odriozola toma carta de naturaleza: todo el mundo ve que Sollube tiene peligro; hay que conocer para saber que la subida a San Pelaio es una trampa.

Estrecha, con un asfalto no exactamente de autopista y dos tramos que parecen verticales, el piñón 28 puede no sobrar incluso en carrera. La única ventaja, opina Bizkarra, es que para ese momento la carrera irá totalmente rota y no debería de haber problemas de colocación. Si alguien va atrás será porque no puede. Las vistas son imponentes. Este tramo de la costa vasca quita el hipo. San Juan de Gaztelugatxe está allí abajo, con toda su magia.

La bajada a Bermeo será el escenario de la lucha por la victoria de la etapa. Gari Bravo será uno de los estiletes del Murias. «Etapa muy dura y muy, muy bonita. A los ciclistas nos va a tocar sufrir, pero es una jornada espectacular. Me encanta», disfruta el lazkaotarra. Los ciclistas del equipo verde opinan que no faltarán dedos para contar a los integrantes del grupo cabecero. Y quedará la última sorpresa. Para buscar la meta en Bermeo habrá que ir por el camino del cementerio. «El grupo de cabeza, por muy selecto que sea, se volverá a cortar», creen.

Termina la inspección de la etapa, pero no el entrenamiento. Los coches están en Ispaster y el regreso es en bici. Los ciclistas son de otra pasta. Llegan y el equipo les propone quedarse a comer. Todos dicen que no, se han traído la comida de casa. Se cambian allí mismo, salen los túper con pasta, se sientan en el maletero con el portón abierto o en el suelo y comen en animada tertulia. Todo son sonrisas, pese a la paliza. Son corredores profesionales y no necesitan nada. Por eso es el deporte del pueblo.

Noticias relacionadas

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos