UNA CARRERA CON ALMA

IÑAKI IZQUIERDOKILÓMETRO CERO

Brillante arranque de la Itzulia, con una demostración de ciclismo moderno, espectacular, la clase de carrera que marca el camino para que este deporte recupere su prestigio y su lugar central en la cultura popular de los viejos países de Europa, entre otros este, que ayer se mostró en todo su esplendor al mundo gracias al buen tiempo que permitió que la televisión se luciera. Cada año, Euskadi toma el relevo a Flandes con solo 24 horas de diferencia y se vuelve a demostrar que son los dos lugares donde la afición al ciclismo parece de otros tiempos, por su carácter masivo y por una pasión a los lados de la carretera que quizá solo rivaliza con la que genera cada mes de mayo el Giro de Italia.

Por eso es importante que estas carreras no sean solo buenas pruebas ciclistas sino que definan la identidad de sus gentes. Y, en etapas como la de ayer, la Itzulia cumple esa función. Toda carrera necesita ser reconocible por una serie de características que le diferencien del resto. Una buena participación no basta: las carreras del Golfo Pérsico a veces tienen mejores nombres que el Tour; un buen recorrido cuenta pero no es suficiente: hay vueltas espectaculares que dejan indiferente al personal.

Las carreras necesitan alma. Que baste una imagen para que la gente diga Euskadi, Basque Country, Pays Basque, Paesi Baschi. La etapa de ayer tuvo ese sabor al ciclismo vasco de siempre, donde los aficionados animan a los corredores por su nombre, al primero y al último. Nibali se paseó por la salida de Zarautz como un tribuno romano, repartiendo saludos y sonrisas. El ciclismo es un deporte clásico, pero no puede estancarse acomodado en el pasado. Debe adecuarse a los tiempos. Exhibiciones de ciclismo moderno como la de ayer indican el camino.

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