Vuelta al País Vasco

Azurki, nombre de sima

Azurki, nombre de sima
ALBERDI

La Vuelta al País Vasco asciende por tercera vez una cumbre descubierta por la Euskal Bizikleta en 1993 | Neil Stephens, primer ciclista en coronarla, asegura que «aquel día es el que más he sufrido encima de una bici»

JOSEBA LEZETAAZURKI.

«Hará entre 40 o 50 años que se asfaltó esta carretera», asegura Joxe Izagirre, baserritarra de Aittola Zar, jatetxe próximo al alto de Azurki. «Por el lado de Deba, el camino llegaba hasta el caserío Zabaleta y por Azkoitia, hasta el barrio de Madarixa. A partir de esos puntos había pistas que se utilizaban para extraer la madera. Antes de construirse la carretera, yo trabajaba en la cooperativa Danobat de Elgoibar y pasaba la semana de apopilo en una casa de la localidad. Los lunes por la mañana, a primera hora, iba caminando hasta el alto de Azkarate para coger el autobús. No volvía a casa hasta el sábado por la tarde ya que ese día de la semana también era de labor. Asimismo, he acompañado a mi madre a la feria de Azpeitia. Íbamos a pie con el burro cargado de corderos. Los vendíamos. Dos horas y media para ir y otras dos horas y media para volver. Hoy en día tardamos un cuarto de hora para llegar en automóvil tanto a Azkoitia como a Elgoibar. ¡Cómo han cambiado los tiempos!».

Azurki es en realidad el nombre de una sima de 91 metros de profundidad situada en el macizo de Izarraitz, cerca de donde se encuentra la cumbre de esta ascensión de cinco kilómetros y medio. Desde el aparcamiento situado cerca de donde se corona el puerto parten rutas hacia las cumbres de Xoxote y Erlo, muy frecuentadas por los aficionados a la montaña.

La Vuelta al País Vasco incluye por tercera vez Azurki, que se corona hoy a falta de veinte kilómetros para la llegada. La primera fue en 2002, edición ganada por Aitor Osa. La última victoria absoluta a cargo de un corredor guipuzcoano. Pasó en cabeza por su cima Cadel Evans por delante de Michael Boogerd, el propio itziartarra, David Etxebarria -a la postre ganador en Elgoibar de ese primer sector de la última etapa- y Gonzalo Bayarri.

La carretera de Azurki era antes una pista que se utilizaba para extraer madera

La segunda ocasión fue en la jornada inicial de 2013, con inicio y final en Elgoibar. Amets Txurruka, en las filas del Caja Rural, aprovechó su conocimiento del terreno y su fuerza para cabalgar por la dura ascensión. Lejana a meta, la aventura del ciclista de Etxebarria concluyó más adelante y Simon Gerrans impuso su punta de velocidad en la recta de meta.

Tanto una vez como otra enlazaron Endoia y Azurki. La estrechez de la ruta provocaba dificultades a la organización. Nunca es fácil atender posibles averías de los corredores con los vehículos de los equipos, sobre todo si se llega en pelotón. Actualmente, el piso de Azurki se encuentra en mejor estado que el de Endoia, más irregular.

Desde el palacio Lili

La Itzulia vuelve con idéntica sucesión de puertos que en las visitas anteriores. Desde Zestoa, a la altura del palacio Lili y una vez rebasado el estrecho puente que cruza el río Urola, arrancan quince kilómetros espectaculares sobre rutas estrechas y rampas empinadas. Transita por Zestoa y por el municipio de Deba, a través de Itziar y Lastur, para acabar en territorio de Azkoitia.

Olazar y Baltzola son los dos caseríos que se encuentran en la zona de mayor exigencia de la subida a Endoia, su primer kilómetro y medio. Posee pendientes del 16% en determinados tramos y un porcentaje medio entre el 11 y el 12%. A partir de ese punto se suavizan las rampas que conducen hasta el barrio de Endoia tras pasar cerca de Uztapide, la casa donde nació el mítico bertsolari Manuel Olaizola, conocido por el lugar donde vino al mundo.

Cadel Evans fue el primero por su cima en 2002 y Txurruka, en la última visita, en 2013

El quinto kilómetro, superado ya Endoia, da paso a un descenso vertiginoso de dos kilómetros que acaba en un cruce donde los corredores deberán girar a la izquierda para tomar la carretera que une Itziar con Lastur. Tras un corto curveo se afronta la siguiente ascensión, la de Azurki, de cinco kilómetros y medio a una media del 8,3%.

El camino pasa al lado de una cantera a pleno funcionamiento, una de las más importantes de Euskadi. Bordea a continuación los caseríos Ugarteberri y Bakarka, lugar donde se empina la cuesta para entrar en un tramo de kilómetro y medio al 13%. Tremendo. Hará sufrir de lo lindo a los integrantes del pelotón de la Itzulia.

Superado Zabaleta, la ruta presenta cuatro curvas de herradura y accede a Aittola Berri, todavía dentro del municipio de Deba. Curiosamente, Aittola Zar, situado en la falda contraria del monte, pertenece a Azkoitia. Rebaños de ovejas y de vacas observan el paso de ciclistas y vehículos.

Los dos kilómetros finales se suavizan hasta acceder a una zona de recreo, al parque de Izarraitz, punto desde el que muchos montañeros emprenden sus caminatas hacia Erlo o Xoxote.

Endoia tiene un inicio muy duro de dos kilómetros y medio, con rampas del 16%

Antes de que la Vuelta al País Vasco se aventurara a pisar estas montañas, la Euskal Bizikleta descubrió Azurki para el ciclismo en 1993, hace quince años. Situada en la cuarta etapa, con final en Eibar, fue Neil Stephens quien coronó en cabeza el puerto. No solo eso, sino que concluyó su aventura con la victoria de etapa en la calle Toribio Etxeberria, conocida como 'dosdemayo' en la ciudad armera.

«Atacamos en Errezil»

El australiano afincado en Oiartzun, por aquella época en las filas del equipo Once, recuerda así aquel triunfo. «Atacamos en Errezil y se hizo una fuga de dos corredores -el segundo era el italiano Pierobon-. Fuimos hacia delante y llegamos al pie de Azurki. Empezamos a subir y la niebla dificultaba la visión. No se veía nada. Nada. Carecía de referencias porque no conocía el puerto. Como vivía en Oiartzun o Astigarraga, me quedaba lejos. Efectuaba la mayoría de mis entrenamientos por Francia. Durante la ascensión me quedé solo y pasé en cabeza por la cima».

La niebla ha sido protagonista más de una vez en las carreras ciclistas que han abordado la ascensión a Azurki, hasta el punto de dificultar la retransmisión de las imágenes de Euskal Telebista e incluso impedirlas.

Faltaban unos veinte kilómetros para llegar a meta. «La niebla no ayudaba a dosificar el esfuerzo porque desconocía cuánto faltaba de puerto. La dureza era grande. Por detrás apretaban Piotr Ugrumov, vencedor de aquella edición, Franco Chioccioli y Stefano della Santa. Además, en marzo, tres meses antes de aquella Euskal Bizikleta, me habían operado de una hernia inguinal y no estaba bien preparado. Es el día que más he sufrido encima de una bicicleta. Con toda seguridad. Al menos, valió para ganar. Aunque fuera con una ventaja corta».

Posteriormente, Neil Stephens ha tenido la oportunidad de regresar a Azurki. «Lo he pasado más veces en carrera. Y cada vez que voy por la autopista y cruzo Itziar, miro de reojo a aquella montaña».

La novedad del puerto levantó tal expectación entre los aficionados al ciclismo que algunos se desplazaron de víspera para acampar en las inmediaciones y evitar aglomeraciones de última hora. Acompañaba la época del año, junio, a las puertas del verano. Otra cuestión habría sido montar la tienda de campaña en pleno invierno, con temperaturas bajas. Querían ver el comportamiento de los corredores en un lugar inédito, vetado hasta aquella fecha para el deporte. Una carretera con una historia corta incluso para los vecinos de la zona.

En 1993, Neil Stephens se había operado de una hernia inguinal tres meses antes

Los organizadores de la Euskal Bizikleta dispusieron de motos de asistencia para que los mecánicos subieran con ruedas junto a los corredores para atender posibles averías. Txomin Perurena recuerda una dificultad surgida a última hora aquel día. «Los mecánicos llevaban cascos de ciclista. Al parecer, el código de circulación no admitía ese tipo de protección para viajar en motocicleta. La Ertzaintza les dio el alto. La organización tuvo que moverse a última hora para que los mecánicos dispusieran del permiso pertinente para montar en las motos. Se solucionó poco antes del paso de los corredores».

Tras la primera experiencia de 1993, la Euskal Bizikleta volvió a Azurki en las tres siguientes ediciones de forma consecutiva. En 1994, de nuevo camino a Eibar, la selección dejó al frente de la carrera a Berzin, Della Santa, Coppolillo, Podenzana, Totschnig, Rebellin y Bugno, vencedor de la etapa. Los italianos llegaban del Giro con un pico de forma que marcaba una clara diferencia respecto a los rivales.

Deba fue punto final en 1995, con otro quinteto protagonista importante: Berzin, Frattini, Zulle, Elli y Totschnig. El triunfo correspondió a otro transalpino, Elli, que lucía el maillot azul de líder.

Indurain, en 1996

Repitieron en 1996 con protagonistas de lujo, de primerísima línea. Miguel Indurain impuso un ritmo infernal que solo aguantaron dos representantes de Once, Alex Zulle y Marcelino García, quien se impuso en Ondarroa a sus dos acompañantes. En Azurki, el navarro empezó a levantar los cimientos de su triunfo en la prueba, rematado la última jornada en Arrate, al lado del santuario.

Tras un corto paréntesis de una edición, en 1998 los organizadores de la Euskal Bizikleta modificaron la ubicación del puerto dentro de la estructura del recorrido y lo trasladaron a la última etapa, como 'aperitivo' del final en Arrate. Así ocurrió en seis ediciones consecutivas, hasta 2003. Azurki, sin Endoia de entrante por supuesto, perdió protagonismo con su nueva situación, alejada de la línea de meta y con Arrate pendiente. Pasó a desempeñar una función de desgaste sin que las figuras y los aspirantes a la victoria final lanzaran ataques definitivos en sus rampas.

Todo lo contrario de lo que puede suceder hoy. Retrasados los escaladores en la clasificación general y situada la cumbre a veinte kilómetros de la línea de meta, presenta los ingredientes para que hombres como Mikel Landa organicen su ofensiva y traten de limar su desventaja respecto a Roglic.

 

Fotos

Vídeos