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Samuel Sánchez vence en Arrate y 'Purito' Rodríguez sigue líder en la Vuelta al País Vasco

Samuel Sánchez ganó en la etapa reina de la Vuelta al País Vasco, en la que ningún favorito perdió tiempo de cara a la clasificación general


Benito Urraburu

Decíamos que Samuel Sánchez siempre está. No es uno de esos ciclistas que nunca está, ni se le espera. Al líder de Euskaltel-Euskadi en llegadas como la de Arrate siempre se le verá aparecer. Sí, en otras ocasiones las ganas de vencer, el ver la línea de llegada tan cerca le ha jugado malas pasadas, como le sucedió el lunes en la etapa de Zumarraga, con Joaquim Rodríguez, o en el Tour de Francia, en Morzine, con Andy Schleck, en Arrate se vio la otra cara deportiva de Samuel. Demostró tener las venas heladas a pesar de que el cielo escupía fuego. Esperó, y esperó. Su primer movimiento se produjo a 2,8 kilómetros de la meta. Klöden y Beñat Intxausti le siguieron.

Esperaría todavía más. Con menos de mil metros por delante, Samuel Sánchez arrancaba por segunda vez: la definitiva. Volvía a vencer por segundo año consecutivo en una de esas llegadas que le gustan, de las que marcan una carrera profesional y dejan huella: Arrate.

Hay cosas que a un deportista no se le pueden explicar, y menos a un ciclista. Hay que tener ojos para verlas, pero también intuición, conocimiento del rival. De todas las palabras que pronunció en la meta nos quedamos con alguna de ellas: "Tal y como íbamos solo quedaba la lucha por la victoria. La clasificación general de la Vuelta al País Vasco no se iba a mover".

Después de siete puertos, con un calor insoportable y una forma de corredor suicida, no hay milagros: o se tienen fuerzas, o se aguanta. Y todo el mundo aguantó. El primer ataque llegó a falta de siete kilómetros para la meta. Fabio Duarte se desperezó porque tenía que hacerlo. Le habían dicho que probase. Lo hizo sabiendo que estaba quemando las pocas energías que le quedaban. Más tarde llegaría el momento de los números uno: desde Frank Schleck a Xavi Tondo, pasando por Robert Gesink o Vinokourov.

Servían esos movimientos para que nos embargase la emoción, para crearnos ilusiones que se desvanecían con la misma rapidez que surgían. Y siempre, detrás de un nombre importante, surgían Klöden, Horner, Joaquim Rodríguez, Beñat Intxausti. No desfallecía nadie.

Recursos muy justos en la Vuelta al País Vasco
La misma ola que impulsaba a quien atacaba llegaba a quienes le seguían. Hasta que Samuel Sánchez decidió que iba a ganar. A remolque del grupo principal, escondido, sin dar la cara, corrió ciertos riesgos pero esta vez no falló y volvía a colocar a Euskaltel en un primer plano. Se hizo de rogar, le costó aparecer, pero cuando lo hizo fue de una forma estelar, para no fallar.

Nos movemos en un ciclismo en el que los adelantos tecnológicos y la igualdad que hay entre un buen número de corredores deja los ataques, los intentos de romper el ritmo de los rivales, en eso, en intentos. Es cierto que la etapa resultó comprometida, que se volvió a rodar muy fuerte, con una primera hora de carrera en la que se cubrieron 47,2 kilómetros, con una media general de 39, 545, en una jornada de siete puertos.

Cuando se rueda tan rápido, en un ciclismo en el que los escaladores puros resultan casos muy extraños, nos encontramos con ciclistas a los que les surge un dilema: o bien Arrate no es lo suficientemente duro para que puedan producirse muchas diferencias o bien los líderes, los mejores corredores del pelotón, están cada vez más igualados. Queda una tercera opción, la de la fatiga, también dotada de una cierta lógica.

No son tiempos para la lírica ciclista y los ataques espectaculares. A pie de puerto, siete kilómetros no sirven para nada, no al menos para que nadie ponga medio minuto de diferencia con sus rivales. Por supuesto, lanzarse a la aventura veinte kilómetros antes de la meta resulta impensable. Hay muy pocos corredores en el mundo capaces de abrir brecha en una montaña como Arrate.

Hay que buscar paredes. Equipos como Katusha (Joaquim Rodríguez), Euskaltel-Euskadi (Samuel Sánchez), Rabobank (Gesink) o RadioShack (Horner y Klöden) manejaron a su antojo el pelotón, cambiando de marcha según les convenía.

La habitual escapada que en esta ocasión protagonizaron en la Vuelta al País Vasco Michael Albasini (HTC), Maxim Belkov (Vacansoleil) y Julián Sánchez Pimienta (Caja Rural) llegó a tener 12:20 de diferencia. En ese juego de ir reduciendo las diferencias para dejarlas en nada antes del inicio de Arrate consistió la etapa.

Es una espera, más o menos tensa, la que vivimos día a día esperando que se abra una caja que siempre confiamos que esté llena de sorpresas. No las hubo. En Arrate ganó uno de los corredores que contaban para poder vencer. Podemos remontarnos hasta los quince primeros de la general para comprender cómo se mueve la Vuelta al País Vasco. Mandan y tienen unas diferencias escasas a su favor los hombres que están muy en forma. El resto sufren, y sufrir en abril, solo sufren los que piensan en podios.


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