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Igor Astarloa comenta la 1 ª etapa de la Vuelta al País Vasco: Un ‘via crucis’ llamado Putxeta

Igor Astarloa recorre los caminos en los que se forjó como ciclista en Vizcaya. El campeón del mundo de fondo en carretera en 2003 fue maillot amarillo de la Vuelta al País Vasco en 2001

Igor Astarloa recorrió todos los momentos claves del estreno de la Vuelta al País Vasco en la etapa de Zierbena. [LOBO ALTUNA]


Benito Urraburu

Nos encontramos con Igor Astarloa en Putxeta, donde nos comenta la primera etapa de la Vuelta al País Vasco 2010.

Recorrer los caminos en los que una persona se forjó como deportista, como ciclista, muchos años después de sus inicios en el mundo de la bicicleta se convierte en un viaje interior, íntimo en determinados momentos, hacia una época concreta de una vida, dentro de muchas vidas.

«¡Vaya matada!» exclama Igor Astarloa cuando comienza a subir el repecho de Putxeta, parte del vía crucis del estreno de la Vuelta al País Vasco: «No hemos hecho más que empezar», afirma mientras va desgranando metros que parecen kilómetros, en una cuesta que se agarra a su bicicleta sin piedad.

Y mientras Astarloa mantiene el tipo por unas carreteras que recorrió por primera vez cuando era cadete, juvenil y aficionado, nos vienen a la memoria las imágenes del mayor logro de la carrera de Igor Astarloa, el Campeonato del Mundo conseguido en Hamilton (Canadá) en 2003. Lleva un maillot en el que aparece los colores del arco iris.

Fue un triunfo sorpresa, fraguado en la inteligencia de unos instantes efímeros, los que convierten a un ciclista en campeón del mundo o le dejan perdido en la carretera. Astarloa aprovechó el marcaje al que estaba sometido Alejandro Valverde y la espera de Óscar Freire a una llegada al sprint para apurar una de esas situaciones que casi nunca terminan por salir bien: Igor Astarloa atacó y se quedó solo. Y ganó.

Pasa por el polígono industrial que conduce a Putxeta, se mete camino de La Reineta, se desliza por el alto de las Calizas, 3.900 metros estrechos, que producirán nervios en el pelotón en laprimera etapa de la Vuelta al País Vasco: «Putxeta tiene tramos del 27%, la carretera es muy estrecha, todos intentarán meterse delante. El que no esté delante se quedará no sólo sin posibilidades de ganar, sino que también puede perder tiempo. Hay muchos riesgos de caídas», resopla Igor Astarloa.

Mirando al cielo

Todo ello por vericuetos que parecen sacados de una película de terror, que sólo dulcifica el paisaje que vemos. «Y luego queda el descenso, largo y sinuoso. En seco no debe representar muchos problemas, pero si está mojado todo cambiará. Con agua le va muy bien a Samuel Sánchez. Samuel es un gran bajador».
Lo dice uno de los ciclistas que convirtió su profesión en una temeridad cuando había que bajar puertos. Desde que era aficionado, desde siempre, Igor Astarloa se convirtió en un temerario de los descensos. Arriesgaba mucho más de lo aconsejable. Nunca tuvo un accidente.

Llegó a ser maillot amarillo de la Vuelta al País Vasco en 2001, «en mi segundo año como profesional, con el Mercatone de Marco Pantani, en Mungia. No pude ganar ninguna etapa. Me tuve que conformar con cuatro segundos puestos». Ésa era la primera parte de una trayectoria forjada en la adversidad. Astarloa fue un emigrante en Italia, como aficionado, donde se trasladó para buscar un porvenir que aquí no pintaba nada bien.
De aquellos años le queda la amistad –es de los pocas personas a las que permanece fiel en este mundo del ciclismo– con Sabino Angoitia, su director en el Cafés Baqué de aficionados, que era quien sabía de su vida en Italia, de sus triunfos, de sus problemas.

Astarloa conoce bien lo que se van a encontrar los participantes en la Vuelta al País Vasco que se disputará entre el 5 y el 10 de abril. Era un hombre, por sus condiciones físicas, de etapas muy concretas en la carrera: «La gente llegará fresca, los 152 kilómetros iniciales parecen no tener dificultades, pero es una apreciación engañosa».

Afirma que «todo el recorrido cuenta con momentos complicados. Hay zonas que tienen su dificultad, suelen producirse muchos nervios. Mucha gente se quiere probar para ver como está. Todo el mundo intenta tener su oportunidad. Los puertos de Cobarón, Humaran y La Reineta son repetitivos, de desgaste. Con pocos kilómetros y mucho ritmo y la parte final que tiene la etapa, el final es incierto. No es fácil colocarse delante. Necesitas que el equipo te proteja».

Y está el descenso, que tiene sus riesgos, sin descanso, sin tiempo para pensar: «Te presentas en la meta casi sin darte cuenta, pero alguno igual tiene que dejar parte de sus fuerzas para dar alcance a los que vayan delante. La labor de los equipos va a ser importante».

La experiencia le permite decir que «en la Vuelta al País Vasco no hay nada fácil y todo se puede ir a peor en cualquier momento. Desde el primer día hay que estar en tensión».

Hace un año que ha dejado la bicicleta. Un final distinto al que había imaginado, pero al que no quiere dar muchas vueltas. Las cosas son como son y no hay que darle más vueltas». Todos los favoritos de la carrera han corrido con él. Cuando su vida deportiva se iba diluyendo, el semillero del ciclismo iba viendo la aparición de nuevos nombres.

«Una carrera como la Vuelta al País Vasco requiere un tipo de corredor muy determinado. Le va estupendamente a Samuel Sánchez, a Valverde, a Damiano Cunego, al que le gusta mucho la carrera. ¿Andy Schleck? Igual le llega un poco pronto, sobre todo pensando lo que se va a encontrar en la carretera, tanto de recorrido como de participantes».

Habla de un grupo de corredores, «al que se unirán más nombres, que va a estar ahí. Son corredores que no van a fallar en la contrarreloj, no al menos todos. Son ciclistas muy completos, con registros en todos los terrenos».

En el caso de Astarloa se puede decir que su forma física es llamativa. Da la impresión que no ha cogido ni un kilo de más, dato que él nos desmiente: «Volví al polideportivo de Ermua para hacer algo de gimnasio y todavía conservaban una ficha mía de hace muchos años. Me pesé y tengo siete kilos más que entonces». Siete kilos que ha cogido de músculo: «Hago mucha pesca submarina, uso la mountain-bike» y sobre todo, anda en moto.

Nueve bicis, nueve motos

No es un apasionado de los coches, pero sí de las motos: «Me gusta todo, el enduro, el trial, la velocidad, todo». De hecho ya se ha metido en circuitos, donde está entrenando, barajando el seguir encima de dos ruedas, pero ahora con motor: «Tengo en casa el mismo número de motos que de bicicletas, nueve».
La bicicleta con la que ganó el mundial, junto al maillot arco-iris y le medalla de oro la tiene colocada en un lugar preferente de su casa.

El día en el que recorrimos la etapa que sirve de estreno para la Vuelta al País Vasco resultó radiante. Algo engañoso a la hora de valorar lo que puede ser la prueba: «Ya sé que es un tópico, pero esta etapa no será lo mismo con lluvia que en seco. No tiene nada que ver. Si llueve habrá corredores que arriesguen menos y alguno aprovechará incluso para atacar. El ciclismo es así».

El recorrido general de la prueba no tiene secretos para él. Conoce Arrate desde que era un niño. La orografía de Euskadi le depara pocas sorpresas a uno de esos ciclistas que supo cómo rentabilizar sus triunfos: «Arrate no es uno de esos puertos en los que se vayan a producir muchas diferencias, al menos entre los que se vayan a jugar la carrera, pero puede haberlas. Y luego está todo lo que se sube antes, y la contrarreloj».
Usa más la mountain-bike que la bicicleta de carretera. Baja hasta Marbella, donde tiene casa, «en bicicleta. Tardo unos siete días. Hago una media de 180 o 200 kilómetros. Mi mujer va con el coche y vamos quedando por el camino. Ya lo he hecho un par de veces».

Explica que «se me ha hecho raro después de veintitrés años andando en bicicleta todos los días del año, hacerme la siguiente pregunta, ¿que hago hoy? Por eso, si me apetece la cojo, pero sin la obligación que tiene un profesional. Al final, lo que se convierte en una obligación no te gusta mucho, aunque a mí la bici me apasiona».


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